Y VIMOS A DIOS POR LAS CALLES CAMINAR …







A pesar de haber adelantado un día, su traslado a la Catedral. A pesar de haber retrasado otro, su procesión de regreso... el Señor de Sevilla, con motivo de los actos del Jubileo del Año de la Misericordia, se vio acompañado durante cuatro días de una multitud de personas, que dieron muestra, una vez más de la pujanza que tiene aún en Andalucía la religiosidad popular.

El Nazareno del Gran Poder, es sin duda, la gran devoción de una ciudad, que como pocas sabe valorar sus tradiciones. A pesar de que en los últimos tiempos, Sevilla, convertida en un referente turístico universal, parece más un parque temático del clavel, la tapa, el incienso y la pandereta.

Y es que si el pasado jueves, 3 de noviembre, fueron más de cien mil personas las que acompañaron al Gran Poder hasta la Catedral de Sevilla, según según fuentes municipales, el domingo día 5, fueron más del doble, casi el triple, las que lo arroparon a la vuelta a su basílica.

Calles completamente abarrotadas, aglomeraciones en todas las esquinas, bullas, esperas de horas... 


A primeras horas de la mañana, ya había numerosas personas en la Plaza Nueva aguardando la llegada del Señor, para vivir uno de los momentos más esperados. 

Las campanas de la Giralda anunciaban su llegada, el sol se reflejaba en los perfiles de los edificios de la avenida y, al tiempo que llegaron sus sombras, apareció el paso entre los quejiós de una espontánea saeta.

Y se hizo el silencio, ese silencio atronador que sólo se oye en Sevilla, hasta que la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, empezara a interpretar la marcha “Ione”. 


El Nazareno de Juan de Mesa, entonces avanzó, pausadamente y de forma antes no vista, a los sones de la música hasta situarse delante del Consistorio donde esperaban los munícipes. Tras la ofrenda floral y el protocolo institucional, la marcha “Sevilla cofradiera” acompañó al Señor de Sevilla, en su salida de la plaza y tras él, todo un río de devociones.

Escribe nuestro admirado amigo Paco Robles, que el Gran Poder no es el pasado, eso es la historia. El Gran Poder tampoco es el presente, eso es la vida. El Gran Poder es el futuro, aunque sea un futuro imperfecto, abierto como sus ojos. 

Que salió a la calle, como sale el sol cada mañana… para todo el mundo. Unos lo encontraron en la calle y otros fuimos, expresamente a buscarlo.

Porque ante su presencia no hay diferencias. Sólo matices. El Señor de Sevilla caminó sobre un mar de personas, que siempre caminan tras de Él. Como si no hubiera pasado el tiempo, como hace medio siglo, cuando fuera entronizado en su actual basílica, después de pasar, como ahora, en su paso por el Ayuntamiento de la Ciudad.

Y los que allí tuvimos la suerte de estar, percibimos el caminar seguro y firme del Cristo de Sevilla. De ese Cristo del Gran Poder, que es Dios mismo, que cruzó las calles a plenas luz del día, haciendo de la ciudad entera, ruta, borde, y ladera, de su divino caminar. 

Ya lo dijo el eterno pregonero:

¡Quien vio cruzar al Gran Poder,
vio caminar a Dios mismo!


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