EN EL CENTENARIO DEL IMAGINERO ORTEGA BRU



Este sábado 10 de septiembre, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Luis Ortega Bru, han tenido lugar en San Roque (Cádiz) una serie de actividades para conmemorar la obra del genial del imaginero gaditano.

En estas celebraciones organizadas por el Ayuntamiento sanroqueño han estado presentes representantes de cofradías que tienen imágenes de este artista, como las de Santa Marta y Montesión de Sevilla, Descendimiento y Cristo de la Pasión de Málaga, Cristo del Amor de Córdoba, Cristo del Amor de Cádiz, Santa Cena de Jerez, Angustias de La Línea de la Concepción, o Buena Muerte de San Roque.

Y es que sin duda Luis Ortega Bru, ha sido, probablemente, el escultor imaginero más genial del siglo veinte. Su estilo personal e inconfundible le ha valido un reconocimiento general a pesar de notables diferencias artísticas entre sus obras.

Luis Ortega Bru nacería un 10 de septiembre de 1916 en la localidad gaditana de San Roque, hijo de Ángel y Carmen y de cuyo matrimonio nacieron sus hermanos Marina, Germina, Augusto y Onésimo.

En el tejar alfarero de su padre, comenzó a conocer los secretos del barro. Su forma de dibujar y modelar con ambas manos le vendría de aquellos años de infancia. Ortega Bru desde niño destacó por dibujar y modelar de manera innata.

Desde los 10 años se trasladaba diariamente en bicicleta a la Escuela de Arte y Oficios de La Línea de la Concepción donde realizaría su formación artística.


En 1936, como tantos jóvenes de su época, su vida se vio truncada por la Guerra Civil. Momento en que la familia sufrió la enorme pérdida de sus padres, fusilados por filiación republicana y que supuso, además, la pérdida de toda la hacienda familiar.

Pero la represión política, también le afectó al joven Ortega Bru, que, con apenas veinte años, sería condenado a tres años de trabajos forzados en el campo de concentración de “La Almadraba” en Rota (Cádiz), dónde sin embargo, solo permaneció recluido once meses y tres días.


Pasados los años de este triste período, y retomada su actividad artística, Ortega Bru decidió probar suerte en Sevilla, donde le llegaría un primer y decisivo encargo: la talla del Cristo de las Misericordias de la Hermandad del Baratillo, una obra donde demostrará toda su valía. 

En la capital hispalense conocería a la joven de origen egabrense Carmen León Ortega, con la que contrajo matrimonio en 1952 en la capilla cofrade del Arenal. De esta unión nacerían sus cuatro hijos, Luis Ángel, José Onésimo, Carmen y Débora.


En 1953, Luis Ortega Bru hizo la conocida réplica de la Virgen de la Sierra para la hermandad  filial de Sevilla, y por estar casado con una egabrense, no cobraría nada por el trabajo, salvo los gastos de materiales, que sólo ascendieron a mil pesetas. 


Los que conocieron al maestro Luis Ortega Bru, dicen que fue una persona introvertida y callada, de baja estatura y figura enjuta, casi famélico, siempre fue un artista inconformista. Él mismo, definía su obra como fruto del desgarro: “(...) Mi arte es la expresión del alma de mis amigos que han muerto luchando por un ideal. Son como sueños torturados. Expresiones no sólo de la simple imaginería, sino de la fuerza que yo siento. Los que me tachan de duro, no saben que yo no puedo vender mi arte a los que solo quieren ver reflejados muñecos bonitos”.

En estos años cincuenta le vendrían los reconocimientos oficiales. En 1952, le conceden el Primer Premio Nacional de Escultura por su obra “La Piedad” y en 1953 por la realización del conjunto escultórico del "Traslado de Cristo al sepulcro" de la Hermandad sevillana de Santa Marta, recibiría la Encomienda de Alfonso X el Sabio, declarándose la obra de interés nacional.



Pero denostado por unos y elogiado por otros, Ortega Bru fue en muchas ocasiones un imaginero incomprendido y criticado, lo que propiciaría su marcha temporal de Sevilla. Así en el año 1955, se trasladaría con toda su familia a Madrid, donde compartiría taller con su hermano Augusto. 

Durante esta etapa madrileña, los hermanos Ortega Bru trabarían juntos y recibirían encargos nacionales y extranjeros a través de distintos establecimientos de arte sacro, como los Talleres de Félix Granda o los de Santa Rufina. En 1965, Luis Ortega Bru concursará en el Primer Certamen Internacional de Escultura celebrado en Bruselas, donde obtendría una mención.


En 1974, Luis Ortega Bru volverá de nuevo a Sevilla, donde se establecería provisionalmente en los Talleres del tallista Manuel Guzmán Bejarano, antes de trasladarse a su propio estudio en la calle Castellar.

Es en esta época cuando el párroco egabrense Francisco Ramírez Chamizo encargó al taller de arte religioso de Santa Rufina de Madrid, una imagen de Crucificado “que fuera un Cristo vivo y expresivo”. Poco después, al interesarse por el nombre de quién iba a ser el escultor encargado de su talla, le comentaron que sería Ortega Bru. 

Aunque pensamos que lo terminó finalmente Augusto Ortega Bru, sin duda, lo haría sobre un modelo de Crucificado de su hermano Luis.


Y es que interesado por la plástica de Juan de Mesa, Luis Ortega Bru realizó en 1954 una particular versión del Crucificado de la Conversión del Buen Ladrón de Mesa con el llamado Cristo de la Salud, que se puede contemplar en la capilla de Montesión de la calle Feria de Sevilla. Este crucificado sevillano y el de la Barriada de Cabra mantienen idénticas formas y proporciones; tanto es así que viendo uno y otro, a nadie se le escapa pensar que se trata de dos obras iguales o muy parecidas, ambas poseen la tensión, el dinamismo y la anatomía gigantesca características de las imágenes de Ortega Bru.


La imagen del Crucificado de Ortega Bru, llegaría a Cabra en abril de 1975 y en mayo de ese mismo año, el obispo de entonces, José María Cirarda Lachiondo lo bendeciría en la inauguración de la nueva Parroquia de San Francisco y San Rodrigo .

El escultor Luis Ortega Bru moriría el 21 de noviembre de 1982 y en estos días en los que se celebra el I Centenario de su nacimiento, hemos querido recordar que la imaginería egabrense cuenta con una obra de su mano, que debemos destacar por su importancia histórica y artística.

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