Traslado del Cristo de la Crucifixión de Lucena


El pasado viernes 24 de enero tuvo lugar el solemne traslado de la imagen de Nuestro Padre Jesús en la Crucifixión, popularmente conocido como “Barrenillas”, desde la casa hermandad de la cofradía, situada en la calle Viana, hasta el templo de San Mateo, donde tiene su sede canónica.

La imagen, que estrenaba túnica, fue trasladada en un ambiente de gran recogimiento, acentuado por el rezo de las estaciones del Santo Viacrucis y la música de capilla interpretada por el grupo de cámara Millenium, y acompañada por un buen número de hermanos y numeroso público.


El Cristo de la Crucifixión es obra del siglo XIX del escultor lucentino Pedro Muñoz de Toro y Borrego (1793-1872) que forma parte de un interesantísimo conjunto iconográfico que representa la escena de los preparativos de la Crucifixión de Cristo. En esta escena la figura de un niño (llamado popularmente “Barrenillas”) que orada la cruz con un viejo berbiquí de mano, mientras un sayón adulto se dispone a clavar a Jesús portando en su manos un martillo y un clavo, y otro sayón sujeta al Cristo con una soga atada a su brazo, señalando con el dedo índice el lugar que debe de ocupar el condenado. En tanto Jesús, despojado de sus vestiduras, humildemente acepta el sacrifico con actitud resignada y mirada baja.

El misterio de la Crucifixión de Jesucristo engrosará la Semana Santa de Lucena desde este año 2014. El proceso de su recuperación  que arrancó en el 2006 relucirá ocho años más tarde. El especialista egabrense Salvador Guzmán Moral, doctor en Bellas Artes, restauró este grupo escultórico compuesto por cuatro imágenes, el más numeroso de los que procesionarán en Lucena.


Pedro Muñoz de Toro y Borrego es el máximo representante de la imaginería lucentina de la primera mitad del siglo XIX, hijo de Pedro Muñoz de Toro y de Catalina Borrego, nació el 31 de agosto de 1793. Estudió sus primeras letras en la clase de la Obra Pía del Hospital del Santísimo Cristo de los  Desamparados, y desde niño mostró vocación por las armas, tal  vez impulsado por sus hermanos que eran soldados. Siendo apenas un muchacho tomó parte contra la invasión napoleónica, resultando herido y como consecuencia incapacitado para continuar la carrera de militar. A partir de entonces se orienta por las bellas artes y con aplicación cursa estudios de dibujo geométrico y artístico con el maestro Juan de Burgos, quien más adelante lo iniciará en la pintura y en la escultura.

 El 21 de julio de 1828 contrae matrimonio con María Josefa Ruiz de Algar, hija del que fuera regidor y síndico personero Diego Ruiz de Algar y de María Antonio García y Contreras. En su propio domicilio organizaría su taller y comienza a recibir encargos de Lucena y de toda la comarca. Para la realización de sus trabajos cuenta con la colaboración de algún oficial y aprendices. Enamorado del arte y sin afanes lucrativos, Muñoz de Toro fue un artista prolífico que llevado de su espíritu desinteresado, regaló a cofradías y a amistades la mayor parte de su producción.


 El 21 de noviembre de 1872, Muñoz de Toro moriría en Lucena a los 80 años de edad. Como escultor, trabajó para numerosas iglesias, conventos y cofradías, que encontraron en él a un artista apropiado para sus propósitos. Su obra, prácticamente, estuvo dedicada por completo a la imaginería religiosa. Entre las obras de Muñoz de Toro, además de las imágenes del paso del “Barrenillas” destacaríamos otras imágenes que realizó para la archicofradía del Carmen, de la que fue cofrade y participó como Tesorero, como el Señor Jesús Preso (actual Cristo de Medinaceli); Jesús Caído de la Columna (actual Cristo de la Humillación de la cofradía Servita); el Crucificado del convento de Carmelitas, popularmente conocido como Cristo de los Camisitos; el Longinos que forma parte del Calvario de la Iglesia de San Martín; o el Nazareno llamado “del Pino” también de la Parroquia del Carmen.


El misterio de la Crucifixión o de Jesús Despojado de sus vestiduras, vulgo “Barrenillas” se puede fechar entre 1812 y 1819, participando como el paso del Señor “Desnudo en el Calvario” en la archicofradía del Carmen que procesionaba el Martes Santo. A finales del siglo XIX pasaría al Jueves Santo a la Vera Cruz y es entonces cuando se empieza a conocer popularmente como el paso de “Los sayones de Pérez” o “Barrenillas”. A principios del siglo XX Francisco Parejo López, el conocido matador de toros lucentino “Parejito”, tomaría este paso como cuadrillero, pasando después a su propiedad familiar. El paso del Barrenillas dejaría de salir en los años 50, y en 1973 pasó a formar parte del patrimonio histórico, artístico y religioso de la cofradía del Amor donde salió por última vez a la calle.


En la próxima Semana Santa de 2014, el misterio de la Crucifixión  o del Barrenillas se recuperará formando parte de la Cofradía del Cristo del Amor y Ntra Sra de la Paz, de esta forma se recupera un conjunto imaginero que una vez formó parte de las tradiciones pasionistas lucentinas y que de nuevo vuelve  a ser uno de los pasos más celebrados por los cofrades y la santería.

Un sueño cofrade que ha tenido su principal valedor en Antonio Crespillo Guardeño, que junto a Antonio Alba y sus hermanos de la cofradía han hecho posible esta extraordinaria recuperación.


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