PINTURA MURAL DESCUBIERTA EN EL RETABLO DE LA VIRGEN DE LA AURORA DE CARCABUEY


La Ermita de Santa Ana de Carcabuey (Córdoba) presenta en el lado de la Epístola, un magnífico retablo dedicado a la Virgen de la Aurora, contratado por el pretigioso retablista lucentino Francisco José Guerrero en 1757. Debajo del banco o predela se encuentra la antigua mesa de altar dispuesta como zócalo decorado con el emblema (maría) de la Virgen. Al retirar parte de la obra de la pared se ha descubierto un hueco y una cámara interior donde figura una pintura con decoración de hojarasca y el el centro una leyenda en color negro escrita en latín.
El texto dice lo siguiente:

Hoc est enim corpus
meum
Hic est enim calix sangui
nis mei novi, & aeterni testa
menti mysterium fidei qui
pro vobis, & pro multis effunde
tur in remissionem pecca
torum.


Se trataría de una vieja fórmula de la la vieja liturgia tridentina, anterior posiblemente a la colocación del retablo de la Aurora (mediados del siglo XVIII) cuando el Canon aún marcaba el centro de la Misa como sacrificio. De acuerdo con el testimonio del Concilio de Trento, el Canon reconstruye la tradición de los apóstoles y estaba sustancialmente completo en la época de Gregorio el Grande, en el año 600. La Iglesia Romana nunca tuvo otros cánones. Respecto de la frase Mysterium fidei en la fórmula de la Consagración, tenemos evidencias desde Inocencio III, explícitamente, en la ceremonia de investidura del Arzobispo de Lyon. Por us parte, Santo Tomás de Aquino, en un artículo especial, justifica también la presencia de este Mysterium fidei. Y el Concilio de Florencia confirmó explícitamente el Mysterium fidei en la fórmula de la Consagración. Si embargo la frase mysterium fidei fue posteriormente eliminado de las palabras de la consagración en la nueva liturgia del Concilio Vaticano II que con su reforma cambió el significado de gran parte del rico simbolismo de la liturgia romana.


El texto descubierto se debe entender como un testimonio de la vieja liturgia tridentina que fue común en España y Andalucía durante gran parte de nuestra historia. Hasta la reforma litúrgica de los años sesenta del siglo XX promovida por el concilio Vaticano II, sobre el altar se colocaban tres láminas enmarcadas , llamadas comunmente sacras, en las que venían las llamadas “partes fijas” de la misa, entre ellas la consagración. La existencia de una pintura con este texto, aunque no es habitual, se puede encontrar ocasionalmente como elemento decorativo en la predela de otros retablos.

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